Vivir en pareja es todo un reto, y cuando se tienen conflictos en las finanzas, el desafío es mucho mayor. Tal vez has escuchado la frase “Cuando el dinero sale por la puerta, el amor salta por la ventana”. Hay parejas que se han dividido por la mala administración de las finanzas. En los votos matrimoniales se dicen “Hasta que la muerte nos separe”, pero hay personas que hoy sufren porque han vivido el “Hasta que las finanzas nos separen”.
Dice una frase muy antigua que “Donde esté tu tesoro, ahí estará tu corazón”. Y con el tiempo he podido darme cuenta que el tesoro de muchos es el dinero. De ahí que cada quien defienda lo que es suyo y en ocasiones se active el egoísmo que divide a muchas familias hoy en día. Es importante tener en cuenta que a veces el mayor conflicto no está en la falta de dinero, sino en la pobre administración.
Construyan una visión compartida
Es clave que el dinero trabajado por uno o por ambos deje de ser considerado como enteramente de uno solo. La nueva dinámica refleja que el dinero ya no es solamente de tu pareja, ni tuyo, sino de ambos.
No es fácil al inicio. Poner el dinero de ambos sobre una sola canasta puede causar miedo e inseguridades en tu pareja o en ti, por la posible ventaja que pueda tomar alguno de los dos.
Pero, si lo piensas bien, dar de lo que trabajaste a tu pareja muchas veces puede traducirse en bienestar y felicidad, y tiene todo el potencial de retornar a ti.
“Siempre y cuando haya equilibrio Daniel”, dirán algunos. Y así es, cuando ambas partes de la pareja tengan claro que transitan por la vida en el mismo barco, entonces aumentará la sabiduría y la responsabilidad en la forma de usar ese dinero.
Decidan complementarse
¿Quién ha demostrado ser mejor administrador del dinero?, ¿Quién prioriza mejor los gastos cubriendo primero lo básico, hasta ascender a los lujos?
Siempre hay una persona que demuestra mayor competencia para el manejo de las finanzas. Pero a pesar de eso, es de lo más común encontrar gente resistiéndose a ceder la administración de las finanzas a su pareja, aunque esto sea favorable y positivo para ambos.
¡Compleméntense, son del mismo equipo!
Se trata de lograr un crecimiento en conjunto. Sé humilde y reconoce las fortalezas de tu pareja.
Construyan su propia definición de felicidad
Hay una frase chusca del filósofo de Güemes que dice: “El dinero no te da la felicidad, sobre todo si es poco”. Y algo de cierto tiene la frase. Cada vez hay más áreas en las que nos vemos en la necesidad de gastar mientras buscamos tener o mantener esa felicidad. Se requiere dinero para comprar experiencias, una buena comida y cosas que producen felicidad. Pero también sabemos que no se necesita tener tanto, ni todo, para ser feliz. Puedes aprender cómo ser feliz desde la gratitud.
Recuerda que cada quien decide cómo gasta o invierte su dinero para ser feliz. Tú acordarás con tu pareja las presiones, descansos y placeres, así como también los gastos, ahorros, inversiones y donaciones.
Sean ustedes quienes determinen cómo deciden utilizar ese capital que han construido.